En el anterior capítulo veíamos que el Paleolítico hacía alusión a la antigua edad de piedra. El neolítico es un periodo que abarca distintos periodos temporales, según el lugar. En líneas generales se sitúa entre el 7.000 a. C. al 4.000 a. C.

El término Neolítico fue acuñado por John Lubbock en su obra Prehistoric Times de 1865. Proviene del griego neos=nuevo y lithos=piedra (Nueva edad de piedra). Aunque Neolítico se traduce literalmente como Nueva (edad de) Piedra, quizá sería más apropiado llamarlo “Edad de la Piedra Pulimentada”. Estas nuevas herramientas estaban acompañadas de una nueva forma de vida basada en la producción de alimentos y de la ganadería.

Piedra pulimentada en el Neolítico

Este periodo se inició en el Kurdistán antes del 7.000 a. C., y se difundió lentamente, sin que en Europa pueda hablarse de Neolítico hasta fechas posteriores al 5.000 a. C.

Para entender la revolución neolítica, tenemos que analizar cómo era la vida en el paleolítico. La economía estaba basada en la caza y la recolección de distintas especies vegetales. Esa economía depredadora determina una estructura social muy simple en una perfecta simbiosis con el medio.

En cambio, en un momento determinado, ese equilibrio hombre-medio se rompe cuando algunas poblaciones humanas empiezan a multiplicarse. Este crecimiento demográfico obligan al hombre buscar más nutrientes para asegurar la supervivencia de la población. Se produce así, una crisis alimentaria por la insuficiencia de alimentos proporcionados por la caza y la recolección.

La alternativa que buscan es la agricultura y el control de determinadas especies animales. Ésto exige un nuevo modelo de vida que es la sedentarización de las poblaciones y el surgimiento de un concepto con transcendencia económica y social: el excedente. Por otra parte, desde el punto de vista tecnológico, tiene lugar la aparición de la cerámica que, solamente ha sido sustituida de forma masiva por el plástico.

Vida en el Neolítico

 

El patrón de asentamiento de estos poblados era la cueva. No abundan los poblados neolíticos al aire libre y de hecho no encontramos asentamientos en zonas del interior hasta muy avanzado el IV milenio. El hecho de que sea el hábitat en cueva el patrón de asentamiento típico podría ser una explicación de la ausencia de yacimientos neolíticos en las tierras del interior.

Nuestra provincia de Ciudad Real que se caracteriza por grandes espacios abiertos y escasas formaciones montañosas, la existencia de asentamientos neolíticos es prácticamente inexistente, de tal modo que continuaría el vacío de poblamiento que parece caracterizar a esta zona desde el paleolítico medio.

En cambio, hay un gran interrogante. El gran número de yacimientos encontrados en nuestra provincia correspondientes a la Edad del Bronce nos hace cuestionarnos este teórico vacío de poblamiento ¿cómo es posible si esta zona se halla despoblada desde el paleolítico, que se encuentre repentinamente semejante concentración de asentamiento? Posiblemente la ausencia de investigaciones sistemáticas en la zona nos lleve al no conocimiento de esta etapa de la prehistoria.